Al ser de Minnesota, el clima más duro que jamás esperé enfrentar eran las tormentas de nieve y, de vez en cuando, alguna granizada. Incluso cuando decidí ser voluntario en Puerto Rico, la preocupación por un posible huracán apenas me pasaba por la cabeza. Tras mis primeras semanas aquí, todo cambió. El pronóstico indicaba que una tormenta tropical llamada Fiona se dirigía hacia Puerto Rico. Como minnesotano que no estaba preparado para lidiar con un huracán, mi primer instinto fue preocuparme. Por suerte, Bill y Reneé mantuvieron la calma y la compostura ante toda la situación; ambos habían sobrevivido al huracán María, una tormenta de categoría 5 que devastó la isla. Con su guía y tranquilidad, logré calmar mi ansiedad y prepararme para enfrentar la tormenta.
La mañana antes de que Fiona golpeara Puerto Rico, Bill nos informó que lo primero que tendríamos que hacer era reducir el consumo de energía de la posada. Debido a la inminente tormenta, lo más probable era que se cortara la luz y tendríamos que depender de la energía solar complementada con un generador, lo que significaba que era esencial hacer recortes. Pasamos la primera hora de la mañana desenchufando neveras y ventiladores en todas las suites, y pasando la comida de los refrigeradores al único que se mantendría encendido. Tendríamos que ser muy conscientes de nuestro consumo de energía, algo por lo que ninguno de los dos había tenido que preocuparse antes.
El siguiente paso para prepararse para un huracán es encontrar cada cosa que pueda salir volando y asegurarse de que ya no pueda hacerlo. Esto incluye las sillas reclinables de la piscina, las mesas de vidrio, los zafacones, cualquier objeto que esté sobre las mesas, e incluso cosas pequeñas en las que sería difícil pensar, como los carteles de precaución. Había que guardarlo todo. Lo siguiente fue cerrar todas las ventanas. El Rainforest Inn tiene cuatro hermosas suites y protegerlas de cualquier daño era la máxima prioridad. Fuimos habitación por habitación, cerrando todas las ventanas y asegurándonos de que no hubiera forma de que entrara agua.
Una vez completadas todas las tareas principales de preparación, hicimos una última inspección de la propiedad, verificando dos veces para asegurarnos de que no quedara nada afuera. Luego, nos retiramos a nuestras habitaciones y esperamos a que azotara la tormenta.
El huracán Fiona se tomó su buen tiempo y no nos tocó hasta la madrugada del día siguiente. Cuando me desperté, ya no había señal, lo que hacía imposible comunicarse con alguien o tener actualizaciones sobre la tormenta, más allá de alguna alerta de emergencia ocasional. Los vientos empezaron a arreciar, al igual que la lluvia. Así estuvo todo el día. En nuestras habitaciones, donde estábamos protegidos de la tormenta, el sonido de la lluvia era, honestamente, muy pacífico. Allá arriba en el bosque urbano tuvimos suerte. No me di cuenta de lo devastador que había sido Fiona para Puerto Rico hasta el día siguiente, cuando regresó la señal de celular.
Me desperté con los reportes de noticias sobre cómo Fiona había devastado la isla de Puerto Rico. Leí sobre las inundaciones y sobre todas las personas que habían tenido que ser rescatadas.
El Rainforest Inn se mantuvo firme durante toda la tormenta. Hubo un par de pérdidas, como un hermoso árbol de papaya en el jardín, así como una ligera inundación en una de las suites. Comenzamos por limpiar la inundación. Luego, acompañé a Bill calle abajo para ayudar a sus vecinos a despejar el camino hacia sus casas. Dos árboles grandes se habían caído y la comunidad estaba ayudando a removerlos. Con motosierras, cortaban las ramas y yo ayudaba a moverlas fuera de la carretera. Fue muy conmovedor ver a la comunidad, después de una tormenta como María, limpiando el camino para que la gente pudiera pasar en caso de una emergencia. El trabajo tampoco fue fácil; aunque los vientos ya habían cesado, la lluvia seguía cayendo.
El amigo de Bill y Reneé (de azul) y yo (de naranja) ayudando a despejar la carretera el día después de la tormenta.
Foto adicional de los árboles bloqueando la carretera.
Una vez que la carretera quedó despejada, el árbol de papaya fue lo siguiente por limpiar. Usando un machete, picamos los restos del árbol para removerlos del jardín. Nuevamente, el trabajo no fue fácil, pero era importante limpiar el árbol para que el jardín pudiera restaurarse. Luego, tal como hicimos el día antes de la tormenta, recorrimos toda la propiedad; esta vez recogiendo y desechando cualquier rama o escombro que la tormenta hubiera arrastrado, con el fin de dejar la posada tan hermosa como estaba en los días previos a la tormenta.
En los días siguientes, los estragos físicos que la tormenta había dejado a su paso desaparecieron. La posada estaba tan hermosa como siempre. Sin embargo, Fiona no nos la dejó tan fácil. Una línea del tendido eléctrico se había caído en la carretera que sube hacia la posada, lo que nos dejaría sin luz por tiempo indefinido. El servicio de agua también se interrumpió en los días posteriores a la tormenta. Bill y Reneé estaban preparados para ambas bajas. El generador seguía funcionando después de que se agotaran las baterías Tesla Powerwalls; solo teníamos que ser muy conscientes de conservar la energía. También cuentan con una cisterna que se puso en marcha, por lo que nunca nos quedamos sin agua. Era vital que ahorráramos ambos servicios esenciales para poder seguir utilizándolos durante todo el periodo posterior al paso de Fiona.
Aunque la tormenta no causó daños estructurales, sí surgieron algunos retos económicos, además de que el agua y la electricidad de la red pública no llegaban a la posada. El Rainforest Inn sufrió muy pocos daños por Fiona, al igual que el extremo este de la isla. Sin embargo, debido a que las noticias se enfocaban en las zonas de Puerto Rico que habían sufrido mayores destrozos, muchos huéspedes cancelaron sus reservaciones. Esto es de esperarse después de un huracán, pero no deja de ser una lástima. Por otro lado, la luz y el agua de la calle no regresaron sino hasta unas cuatro semanas después. Por suerte, Bill y Reneé ya habían vivido la experiencia de María y eran expertos en la conservación de agua y energía. Al moderar el consumo eléctrico, los paneles solares lograban manejar la carga durante el día, y las dos baterías Tesla Powerwalls cubrían la mayor parte de la noche, complementadas por el generador, especialmente después de los días nublados. Con la combinación de los paneles solares y el generador, pudimos tener la energía suficiente para atender a los huéspedes que sí se quedaron en la posada durante ese tiempo, ofreciéndoles una estadía tan cómoda como si la red eléctrica pública estuviera funcionando perfectamente.
Los paneles solares en el Rainforest Inn que nos dieron energía cuando se cayeron las líneas eléctricas.
Después de haber vivido un huracán, entiendo que son aterradores; pero con la preparación adecuada y los esfuerzos de conservación, algunos de los daños se pueden evitar por completo o al menos contener. Por suerte para mí, el Rainforest Inn estaba más que preparado.
